Lesson Transcript

Gael Gonzalez Borrego: Ay, no puede ser. A ver... esto duele. Maldito sartén.
Margaret MacDonald: Buenas tardes. Disculpe... ¿está bien?
Gael Gonzalez Borrego: Ah. Buenas tardes. Sí, sí. Todo bien. No pasa nada.
Margaret MacDonald: Huele un poco a humo. ¿Seguro que está bien?
Gael Gonzalez Borrego: Sí, fue un pequeño... accidente de sartén. El aceite saltó. Estaba muy caliente. Pero ya lo tengo todo bajo control.
Margaret MacDonald: Veo que tiene una toalla de cocina en la mano. ¿Se quemó?
Gael Gonzalez Borrego: Un poco. Solo un poco. Fue un error de cálculo con la temperatura.
Margaret MacDonald: Soy enfermera. ¿Me permite ver?
Gael Gonzalez Borrego: No es necesario, de verdad. Ya casi no duele.
Margaret MacDonald: Por favor. Las quemaduras de aceite pueden ser peligrosas. Déjeme ver su mano.
Gael Gonzalez Borrego: Bueno... está bien.
Margaret MacDonald: A ver. Híjole. Sí es una quemadura de segundo grado. Mire la piel, está muy roja. Y aquí ya tiene una ampolla.
Gael Gonzalez Borrego: ¿Segundo grado? Suena muy profesional para un simple accidente de cocina. Pero no se preocupe. Ya tengo lo que necesito para curarlo.
Margaret MacDonald: ¿Qué tiene ahí? ¿Qué hay en ese frasco verde?
Gael Gonzalez Borrego: Ya tengo lo que necesito. Sábila. Lo de toda la vida.
Margaret MacDonald: Espere. No. No se ponga eso en la mano.
Gael Gonzalez Borrego: Mi abuela siempre decía: para quemadas, sábila. Inmediato. Directamente. Es la mejor planta de México.
Margaret MacDonald: Señor, con eso va a atrapar el calor en la piel.
Gael Gonzalez Borrego: ¿Qué? ¿Atrapar el calor? Pero la sábila se siente fría.
Margaret MacDonald: Se siente fría por un momento. Pero crea una capa sobre la piel. Ahora mismo, su piel está muy caliente por el aceite. Si se pone la sábila, el calor no puede salir. Se queda adentro y quema más.
Gael Gonzalez Borrego: Pero mi abuela tuvo doce hijos. Ella sabía de accidentes y siempre usó esto.
Margaret MacDonald: Primero agua fría. Mínimo diez minutos. Después veremos sábila. Confíe en mí. Necesitamos un lavabo con agua fría ahora mismo. ¿Podemos entrar a su departamento?
Gael Gonzalez Borrego: Está bien. Pase, por favor.
Margaret MacDonald: Wow. Tiene muchos libros de cocina. Y muchos frascos con chiles.
Gael Gonzalez Borrego: Sí, estoy experimentando un poco.
Margaret MacDonald: Vamos al lavabo. Ponga la mano aquí. Cuidado. Voy a abrir el agua.
Gael Gonzalez Borrego: ¡Ay! Está muy fría. Duele más que el aceite.
Margaret MacDonald: Sé que duele. Es lo que tiene que pasar. El agua saca el calor de la piel.
Gael Gonzalez Borrego: ¿Y mi mole?
Margaret MacDonald: Su mole puede esperar.
Gael Gonzalez Borrego: El mole negro lleva tres horas en proceso. No lo puedo dejar así.
Margaret MacDonald: Entonces lleva tres horas y diez minutos. El fuego está muy bajo, no le va a pasar nada. Su mano es más importante.
Gael Gonzalez Borrego: Bueno. Usted es la experta. Pero todavía creo que mi abuela tenía razón con otras cosas. Hay más remedios.
Margaret MacDonald: A ver. Cuénteme de los otros remedios. Tenemos diez minutos de agua fría por delante.
Gael Gonzalez Borrego: Mantequilla. Eso también se usa. En mi familia, si no había sábila, se ponían mantequilla.
Margaret MacDonald: La mantequilla es peor que la sábila. Bacterias, sellado del calor, infecciones. La mantequilla es grasa. La grasa cocina la piel.
Gael Gonzalez Borrego: Tiene lógica... Entonces... tomate. El jitomate frío. Cortas un jitomate del refrigerador y lo pones sobre la quemadura. Eso no tiene grasa.
Margaret MacDonald: El efecto lo tiene el agua fría. El jitomate está frío porque viene del refrigerador. Pueden poner el jitomate y se sienten mejor emocionalmente, pero es el agua lo que funciona.
Gael Gonzalez Borrego: ¿Emocionalmente? ¿A qué se refiere?
Margaret MacDonald: Sí. Cuando tenemos un accidente, nos asustamos mucho. Hay estrés. El cerebro necesita sentir que hizo algo. La abuela puso el jitomate. El cerebro descansó. Dijo: "ah, ya estamos curando la herida". Pero médicamente, el jitomate no hizo nada. La quemada la cuidó el agua en el jitomate.
Gael Gonzalez Borrego: Wow. O sea...
Margaret MacDonald: ¿Qué pasa?
Gael Gonzalez Borrego: Eso es lo más inteligente e insultante que alguien me ha dicho sobre mi abuela.
Margaret MacDonald: No era insulto. Era respeto. Ella era una excelente psicóloga, sabía calmar a la familia.
Gael Gonzalez Borrego: Respeto su psicología, pero no su medicina. Está bien, acepto el agua fría. Por cierto, podemos tutearnos, ¿no? Si vamos a estar diez minutos aquí en mi cocina.
Margaret MacDonald: Claro. Me llamo Margaret. Soy tu vecina del cuarto piso.
Gael Gonzalez Borrego: Yo soy Gael. Vecino del quinto. Mucho gusto, Margaret.
Margaret MacDonald: Ya pasaron los diez minutos. A ver la mano. Se ve mucho mejor. La piel ya no está tan roja.
Gael Gonzalez Borrego: Tienes razón. Ya no siento ese calor intenso.
Margaret MacDonald: Voy a secar la mano con cuidado. Y ahora voy a poner una venda.
Gael Gonzalez Borrego: ¿Por qué esa venda y no la otra? Tienes varias en tu bolsa.
Margaret MacDonald: Porque esta venda tiene un material especial. Esta no se pega a la ampolla.
Gael Gonzalez Borrego: ¿Y por qué eso es importante?
Margaret MacDonald: Porque si usamos una venda normal, se pega a la piel. Luego, mañana, cuando quieras cambiar la venda... si se pega y la jalamos, abrimos la herida.
Gael Gonzalez Borrego: Tiene sentido. Si rompes la ampolla, entran bacterias y tienes una infección. Todo es una reacción en cadena. Igual que en la ciencia.
Margaret MacDonald: La medicina es ciencia, Gael. Y las instrucciones son simples: no rompas la ampolla. Mantenla limpia. Cámbiate la venda mañana en la noche. Y si la piel se te pone caliente otra vez, tienes que ir a ver a un doctor.
Gael Gonzalez Borrego: Perfecto. Entendido. ¿Y puedo cocinar esta noche?
Margaret MacDonald: No con esa mano.
Gael Gonzalez Borrego: Tengo dos manos. Puedo usar la izquierda para mover el mole.
Margaret MacDonald: Señor...
Gael Gonzalez Borrego: Es broma, es broma. Bueno, no es broma, sí quiero terminar el mole. Pero tendré mucho cuidado.
Margaret MacDonald: Eres muy terco con tu comida. ¿Siempre cocinas cosas tan complicadas?
Gael Gonzalez Borrego: Ahorita sí. ¿Es usted médica, por cierto? Perdón, ¿eres médica?
Margaret MacDonald: Enfermera. Margaret. Del cuarto piso, como te dije. Soy de New Jersey, en Estados Unidos. Estoy aquí en la Ciudad de México por seis meses, en un programa de intercambio profesional. Trabajo en una clínica privada en Polanco.
Gael Gonzalez Borrego: ¡Qué padre! ¿Y te gusta la ciudad?
Margaret MacDonald: Me encanta. Todo es muy vivo. ¿Y tú? ¿Siempre has vivido aquí en este edificio?
Gael Gonzalez Borrego: Gael. De aquí. Bueno, de aquí y de la Antártida, según el año.
Margaret MacDonald: ¿De la Antártida? ¿El polo sur?
Gael Gonzalez Borrego: Sí. Soy investigador. Catorce meses estuve allá estudiando el hielo. Regresé hace un año.
Margaret MacDonald: ¡No me digas! Catorce meses en el frío extremo. ¿Y ahora? ¿Qué haces ahora?
Gael Gonzalez Borrego: Ahora estoy aprendiendo a cocinar. Con cierto riesgo profesional, claro. Como puedes ver con mi mano vendada. El cambio de temperatura es difícil para mí.
Margaret MacDonald: Veo que sí. El aceite caliente es muy diferente al hielo.
Margaret MacDonald: Cuidado con esa mano. ¿Qué haces ahora?
Gael Gonzalez Borrego: Voy a preparar té. Puedo hacerlo con una mano, te lo prometo.
Margaret MacDonald: Está bien, pero dime algo. Los sistemas de salud aquí son muy diferentes a los de mi país. Si no estuviera yo aquí hoy, ¿a dónde irías para tratar esa quemadura?
Gael Gonzalez Borrego: Bueno, yo tengo seguro. Tengo el IMSS. El Instituto Mexicano del Seguro Social. Lo tengo por mi trabajo de investigador.
Margaret MacDonald: He escuchado del IMSS en mi clínica. ¿Es bueno?
Gael Gonzalez Borrego: Sí, es excelente para cosas serias. Operaciones, enfermedades graves. Los doctores son muy buenos. Pero para cosas pequeñas... hay que esperar mucho.
Margaret MacDonald: ¿Esperar mucho? ¿Como una hora?
Gael Gonzalez Borrego: Horas. Las salas de espera están llenas. Para esta quemadura, yo no iría al IMSS. Iría a una farmacia. A una consulta en farmacia.
Margaret MacDonald: ¿Hay médicos en las farmacias? Eso me sorprendió mucho cuando llegué a México. En cada esquina hay una farmacia con un consultorio al lado.
Gael Gonzalez Borrego: Exacto. Son los médicos de la gente. Llegas, te sientas a esperar un ratito. Ahorita habría unas dos o tres personas antes que yo. Es muy rápido. Cien pesos la consulta, diagnóstico en diez minutos, receta incluida.
Margaret MacDonald: ¿Y son doctores de verdad?
Gael Gonzalez Borrego: Claro que sí. Médicos graduados con título. Te revisan, te dan la receta para una pomada, sales, compras la crema ahí mismo en la farmacia y regresas a tu casa. Todo en treinta minutos.
Margaret MacDonald: Es increíble. En New Jersey eso costaría cuatrocientos dólares. Una visita a la sala de urgencias, los materiales, el tiempo del doctor. Cuatrocientos dólares mínimo.
Gael Gonzalez Borrego: Aquí tenemos cosas que funcionan. A nuestra manera, pero funcionan. Es un sistema accesible para todos.
Gael Gonzalez Borrego: Listo. Té de limón con miel. Otro remedio de abuela, pero este sí funciona. Tómate una taza.
Margaret MacDonald: Gracias. Pero te digo algo... para quemadas no...
Gael Gonzalez Borrego: Para el sistema nervioso después de un susto. Ayuda a relajar.
Margaret MacDonald: Bueno. Para el sistema nervioso sí funciona. Es una bebida caliente y dulce.
Gael Gonzalez Borrego: Oye, Margaret. Tengo una idea. Quiero proponerte un trato.
Margaret MacDonald: ¿Un trato? ¿Qué tipo de trato?
Gael Gonzalez Borrego: Tú me diste primeros auxilios hoy. Y me cobraste cero pesos, mucho más barato que la farmacia y que New Jersey. Me salvaste la mano.
Margaret MacDonald: Es mi trabajo. No tienes que agradecer.
Gael Gonzalez Borrego: Pero quiero devolver el favor. Yo te enseño una receta mexicana. Algo de comida real. Comida de casa, no de restaurante para turistas.
Margaret MacDonald: Suena muy bien. Me encanta la comida de aquí. ¿Qué receta?
Gael Gonzalez Borrego: Depende de lo que quieras aprender. Esta semana: mole negro, si no lo arruino. Tiene más de treinta ingredientes. Es un reto.
Margaret MacDonald: Suena muy complicado para mí. Pero lo intentaré. ¿Y en qué te ayuda eso a ti? Si tú cocinas, yo solo como.
Gael Gonzalez Borrego: Me ayuda mucho. Necesito un testigo honesto.
Margaret MacDonald: ¿Un testigo?
Gael Gonzalez Borrego: Alguien que pruebe la comida. Alguien que me diga si está bien o si está espantoso sin mentirme por educación. Vivo solo, cocino solo. Necesito a alguien directo.
Margaret MacDonald: Ah, ya entiendo.
Gael Gonzalez Borrego: Y tú eres muy directa. Me dijiste la verdad sobre la sábila, sobre la mantequilla y sobre el jitomate. Sin miedo a ofender a mi abuela.
Margaret MacDonald: Puedo hacer eso. Me gusta decir la verdad. Y me gusta comer. Es un trato justo.
Gael Gonzalez Borrego: ¡Qué buena onda! Trato hecho entonces. Mañana te traigo un plato de mole para que me des tu diagnóstico.
Margaret MacDonald: Bueno, ya me voy. Tengo que descansar. Fue un turno largo en la clínica y luego este pequeño susto aquí cerquita.
Gael Gonzalez Borrego: Muchas gracias por todo, vecina.
Margaret MacDonald: No olvides las instrucciones. Mañana revisa la venda. Si la piel alrededor se pone roja y caliente, ve a la clínica. O a la farmacia.
Gael Gonzalez Borrego: Entendido, doctora... perdón, enfermera.
Margaret MacDonald: Enfermera. Son profesiones diferentes y las dos son muy importantes.
Gael Gonzalez Borrego: Enfermera Margaret. Con todo el respeto que merece el título. Tienes toda la razón.
Margaret MacDonald: Buenas noches, Gael. Ah, y una última cosa.
Gael Gonzalez Borrego: ¿Qué pasó?
Margaret MacDonald: Guarda la sábila para otras cosas. No la tires. Las plantas de aloe son útiles.
Gael Gonzalez Borrego: ¿De verdad? Pensé que la odiabas. Pensé que era el enemigo número uno de la medicina.
Margaret MacDonald: No, para nada. Es excelente para hidratar la piel seca. Para cortes superficiales. Solo no para quemadas activas. Hay que saber usarla.
Gael Gonzalez Borrego: Se lo diré a mi abuela. Cuando hable con ella por teléfono mañana.
Margaret MacDonald: Qué bueno.
Gael Gonzalez Borrego: Aunque no me va a creer. Para ella, la sábila cura absolutamente todo en esta vida.
Margaret MacDonald: Díselo de todas formas. Nunca es tarde para aprender algo nuevo. Buenas noches.
Gael Gonzalez Borrego: Buenas noches, Margaret. Nos vemos mañana con el mole.

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