| Rafael Ruiz Valle: ¡Híjole! Qué locura allá afuera. |
| Amelia Arce Bernal: ¡No manches! Estás completamente mojado. ¿Todo bien? |
| Rafael Ruiz Valle: Todo mal, Amelia. Entró mucha agua conmigo, perdón por ensuciar el piso. |
| Amelia Arce Bernal: No te preocupes por el piso, se limpia rapidito. Pero, ¿qué pasó? ¿Por qué estás tan mojado? |
| Rafael Ruiz Valle: Pues nada, la ciudad. Mi paraguas voló. Literalmente. |
| Amelia Arce Bernal: ¿Cómo que voló? |
| Rafael Ruiz Valle: Sí, una ráfaga de viento en la avenida Insurgentes y adiós paraguas. Ya no pude agarrarlo. Corrí dos cuadras, pero fue imposible. |
| Amelia Arce Bernal: Ay, pobre. ¿Se te olvidó que vivimos en la ciudad con las lluvias más impredecibles del mundo? Estamos en pleno temporal, de junio a octubre siempre es lo mismo. Llueve todos los días a las cuatro de la tarde. |
| Rafael Ruiz Valle: Salí con sol. Hacía mucho calor en la mañana. El cielo estaba muy azul. CDMX te miente. |
| Amelia Arce Bernal: Siempre. La ciudad siempre te miente con el clima. Pasa, siéntate aquí en la barra. Cierra la puerta porque entra mucho frío. |
| Rafael Ruiz Valle: Gracias. Qué bueno que el café del edificio está abierto. Pensé que ya estaba cerrado a esta hora. |
| Amelia Arce Bernal: Oficialmente, la cafetería está cerrada. Pero yo vivo aquí arriba y uso el espacio por la tarde. No hay clientes, pero es cómodo. Y con esta lluvia, es mejor estar acompañada. Te preparo un cafecito, ¿no? Un café de olla. No te pregunto, ya lo estoy sirviendo. |
| Rafael Ruiz Valle: Mil gracias. Me salvas la vida. Tengo mucho frío. El tráfico allá afuera es un desastre total. |
| Amelia Arce Bernal: Sí, la calle parece un río. Nadie va a salir de aquí en un buen rato. ¿Tienes prisa? |
| Rafael Ruiz Valle: Para nada. No voy a ir a ninguna parte. Es imposible caminar así. |
| Rafael Ruiz Valle: Qué rico huele. |
| Amelia Arce Bernal: Tiene canela y piloncillo. Es perfecto para un día gris como hoy. Tómalo con cuidado porque está muy caliente. |
| Rafael Ruiz Valle: Está perfecto. Muchas gracias. Es una pausa obligatoria. Unas vacaciones por la lluvia. |
| Amelia Arce Bernal: Exactamente. Disfruta tu momento. Oye, espérame un ratito, voy a sacar una cosa de acá abajo. |
| Rafael Ruiz Valle: ¿Qué es eso? ¿Estás limpiando? |
| Amelia Arce Bernal: Un poco. Estaba revisando la bodega de la cafetería hace unos días. Encontré esto debajo de una repisa llena de polvo. |
| Rafael Ruiz Valle: Parece un libro viejo. O un diccionario. |
| Amelia Arce Bernal: No, mira bien. Es un álbum de fotos. De los muy antiguos. |
| Rafael Ruiz Valle: A ver... ¡Uy, pesa mucho! Y la portada es de piel color café oscuro. Ya nadie hace cosas así. |
| Amelia Arce Bernal: Lleva meses aquí. Bueno, creo que lleva años aquí. Alguien que se mudó del edificio lo dejó en una caja. El dueño de la cafetería dijo que lo guardó, pero nadie lo ha reclamado. |
| Rafael Ruiz Valle: Qué raro, ¿no? Dejar tus fotos familiares en un café. |
| Amelia Arce Bernal: Sí, ¿verdad? Y no son fotos recientes. Son muy viejas. |
| Rafael Ruiz Valle: Mira nada más. Las fotos están en plástico. Todo es en blanco y negro. Este patio... es el patio de nuestro edificio, ¿no? |
| Amelia Arce Bernal: Sí, fíjate en las ventanas. Y en los arcos de la entrada. Es el mismo lugar. |
| Rafael Ruiz Valle: Este edificio sí que ha visto cosas. Parece que la foto es de los años setenta. |
| Amelia Arce Bernal: Seguramente. Mira los coches en la calle. Ese es un vocho viejo. Antes la ciudad estaba llena de esos coches pequeños. |
| Rafael Ruiz Valle: Pasa la página. Quiero ver más. Mira esta foto, hay mucha gente en el patio. |
| Amelia Arce Bernal: Ah, es una fiesta. Es una posada navideña. Mira, los niños están rompiendo una piñata tradicional de picos. Y las señoras tienen tazas, seguro están tomando ponche caliente. |
| Rafael Ruiz Valle: Y mira a esos muchachos sentados ahí. Qué ropa tan chistosa. |
| Amelia Arce Bernal: ¡Los pantalones! Son muy anchos de abajo. Y el cabello de todos es muy largo. Son los años ochenta. |
| Rafael Ruiz Valle: Totalmente. La moda era muy diferente. ¿Y en la siguiente foto? Es una mujer sola. |
| Amelia Arce Bernal: Está vestida de novia. Justo en la entrada principal. Donde ahora pongo las sillas del café. Qué bonita se ve. |
| Rafael Ruiz Valle: Es extraño, ¿no? Ver a todas estas personas. |
| Amelia Arce Bernal: ¿Extraño? ¿Por qué? |
| Rafael Ruiz Valle: Pues... ¿Crees que la gente en las fotos sabía que iba a terminar para siempre en el álbum de alguien? Un álbum perdido en una cafetería, con dos extraños mirándolos mientras llueve. |
| Amelia Arce Bernal: No. Nadie cree eso cuando se toman la foto. Sólo piensan en el momento. Sonríen para su familia. Por eso se ven tan naturales. |
| Rafael Ruiz Valle: Tienes razón. No posan para el futuro, posan para su presente. Qué buena foto. Y mira el edificio aquí. En los años noventa. |
| Amelia Arce Bernal: Tenía muchas plantas diferentes. Y un letrero grande en la puerta. El edificio se llamaba de otra forma antes. |
| Rafael Ruiz Valle: Los edificios viven mucho tiempo. Guardan más recuerdos que las personas que viven adentro. Nosotros sólo pasamos un rato por aquí. |
| Rafael Ruiz Valle: ¡Ay, no! A ver, a ver. Tienes que ver esto. Mira eso. |
| Amelia Arce Bernal: ¿Qué pasó? A ver la foto... |
| Rafael Ruiz Valle: Esa muchacha. Está sentada al lado de la recepción vieja del edificio. |
| Amelia Arce Bernal: ¡Híjole! Su cabello. |
| Rafael Ruiz Valle: Sí, es un color muy fuerte. |
| Amelia Arce Bernal: Parece una ciruela. |
| Rafael Ruiz Valle: O una berenjena. Muy segura de sí misma, eso sí. |
| Amelia Arce Bernal: Con ese color tienes que serlo. No puedes tener el cabello de berenjena en los ochenta y ser una persona tímida. Imagínate caminar por la calle así en esos años. |
| Rafael Ruiz Valle: Exacto. Y mira su cara. Está mirando directo a la cámara. "Sí, soy una berenjena, ¿y qué vas a hacer al respecto?". |
| Amelia Arce Bernal: Qué padre. Me cae muy bien. Su ropa también es muy moderna para la época. Una chamarra negra de cuero y mucho maquillaje azul en los ojos. |
| Rafael Ruiz Valle: Mis respetos. En serio. Pintarse el cabello así, ser tan diferente... era de valientes. Yo nunca hice algo así. |
| Amelia Arce Bernal: Ella es la heroína del edificio. Le voy a decir "la señora berenjena" desde hoy. |
| Amelia Arce Bernal: ¿Quieres más café? |
| Rafael Ruiz Valle: Sí, por favor. Ya no hace tanto frío, pero sabe muy bien. |
| Amelia Arce Bernal: ¡Uy, cuidado! Se cayó una foto suelta del álbum. |
| Rafael Ruiz Valle: Yo la recojo. Estaba metida entre las hojas. |
| Amelia Arce Bernal: Gracias. Qué foto tan rara. Esa no parece del edificio. |
| Rafael Ruiz Valle: No. No es de aquí. Es una foto de la playa. Mira la lancha de madera en el agua. |
| Amelia Arce Bernal: ¿La conoces? ¿Es de algún lugar famoso? |
| Rafael Ruiz Valle: No conozco a las personas de la foto. Pero el lugar... se parece mucho a donde crecí. La Paz. En el estado de Baja California Sur. |
| Amelia Arce Bernal: ¿Eres de La Paz? ¡Qué padre! Yo siempre he querido ir a conocer. Dicen que es hermoso. |
| Rafael Ruiz Valle: Es un lugar increíble. El mar es muy diferente allá. |
| Amelia Arce Bernal: ¿Diferente cómo? El mar es el mar, ¿no? |
| Rafael Ruiz Valle: Para nada. En La Paz, el agua del golfo es muy clara, casi transparente. Puedes ver la arena en el fondo y los peces nadando a tu lado. Y el malecón... |
| Amelia Arce Bernal: ¿Qué es el malecón? |
| Rafael Ruiz Valle: Es el camino largo junto a la playa. Caminar por el malecón en la tarde, sintiendo la brisa del mar... es otra cosa. La gente sale a caminar, a comer helado, a ver la puesta de sol. Y el cielo es diferente. Es un azul muy limpio. No es gris ni tiene contaminación como aquí en la ciudad. |
| Amelia Arce Bernal: Se escucha como un sueño. Muy tranquilo. Oye, ¿y qué hace un bajacaliforniano en la CDMX? |
| Rafael Ruiz Valle: Lo que hace todo el mundo aquí. Vine por trabajo. Quería ser policía en una ciudad grande, tener más oportunidades, aprender más. |
| Amelia Arce Bernal: ¿Y por qué no regresaste después de unos años? |
| Rafael Ruiz Valle: Me quedé porque ya no sé de dónde soy. |
| Amelia Arce Bernal: ¿Cómo es eso? No entiendo. |
| Rafael Ruiz Valle: Es difícil de explicar. Allá en Baja California, mi vida era muy libre. Podía ir a la playa en la mañana, surfear un rato, sentir el sol, y luego ir a trabajar tranquilamente al mediodía. El ritmo es muy lento. La gente no tiene tanta prisa. |
| Amelia Arce Bernal: Aquí todos corremos todo el tiempo. |
| Rafael Ruiz Valle: Exacto. Aquí en la ciudad... pues, mi rutina es diferente. Trabajo muchas horas. Y para hacer ejercicio, voy a un gimnasio cerrado en la colonia Narvarte. Es un lugar grande, con luces artificiales y música fuerte. Corro en una máquina frente a un espejo gigante. Y estoy rodeado de personas que también corren sin ir a ninguna parte. No es lo mismo. Extraño el mar. Pero cuando voy a La Paz a visitar a mi familia... siento que todo va demasiado lento. Siento que me falta el ruido de aquí. |
| Amelia Arce Bernal: Te entiendo perfecto, Rafael. La ciudad te atrapa. Eres de dos lugares al mismo tiempo. |
| Rafael Ruiz Valle: ¿Y tú, Amelia? |
| Amelia Arce Bernal: ¿Yo qué? |
| Rafael Ruiz Valle: ¿Tú de dónde eres? No hablas como alguien de la Ciudad de México. Tienes un acento diferente, más suave. |
| Amelia Arce Bernal: Ah, es verdad. Yo soy de Querétaro. |
| Rafael Ruiz Valle: ¡Querétaro! Una ciudad muy bonita. Yo fui una vez de trabajo. Es muy limpia y todo está cerca. |
| Amelia Arce Bernal: Sí, es muy limpia y muy ordenada. El centro histórico es precioso, con sus calles pequeñas y edificios antiguos. Mis papás viven ahí todavía. Todo es más fácil en Querétaro. Es más barato, las calles son seguras, llegas rápido a tu trabajo... |
| Rafael Ruiz Valle: Entonces, ¿por qué dejaste Querétaro? Si es tan perfecto y fácil vivir ahí, no tiene sentido cambiarlo por este caos. |
| Amelia Arce Bernal: Es que... Querétaro me quedaba chico. |
| Rafael Ruiz Valle: ¿Chico? Pero es una ciudad grande ahora, está creciendo mucho. |
| Amelia Arce Bernal: Sí, pero me refiero a mí. Mi mundo allá me quedaba chico. Yo quería aprender sobre el café de especialidad. Quería conocer a personas diferentes. Aquí en la ciudad hay de todo, todo el tiempo. Hay cultura de todos los países. Encontré una escuela para estudiar japonés, encontré un grupo de amigos para escalar rocas el fin de semana... |
| Rafael Ruiz Valle: Hay opciones para todos. |
| Amelia Arce Bernal: Exacto. Y lo más importante para mí: aquí en la ciudad, cualquier persona puede existir sin llamar la atención. Puedes ser como la chica berenjena. Puedes salir a la calle vestido raro o con el pelo de colores, y a nadie le importa. Eres invisible si quieres. En una ciudad pequeña, todos te miran y todos hablan. |
| Rafael Ruiz Valle: Tienes mucha razón. Aquí puedes salir a comprar leche en pijama y nadie dice nada. Todos están muy ocupados. |
| Amelia Arce Bernal: Pero bueno, el cambio fue muy duro al principio. La ciudad de México es un monstruo. La primera semana aquí me perdí cuatro veces. El transporte público es muy complicado. |
| Rafael Ruiz Valle: A todos nos pasa. El metro de aquí es un laberinto. |
| Amelia Arce Bernal: ¡Sí! La tercera vez que me perdí en el metro, lloré un poquito. Estaba muy cansada y había mucha gente empujando. Pero la quinta vez, ya sabía que me iba a quedar. Aprendí qué línea tomar, dónde caminar, cómo moverme. Me sentí fuerte. |
| Rafael Ruiz Valle: Cuando te deja de dar miedo perderte... ya eres de aquí. |
| Amelia Arce Bernal: ¡Qué bonita frase! Tienes toda la razón. Ya no me da miedo perderme. Me gusta caminar y conocer colonias nuevas. |
| Amelia Arce Bernal: ¡Uy! Qué fuerte sonó ese trueno. Parece que la lluvia no va a parar ahorita. |
| Rafael Ruiz Valle: No importa, no tengo prisa. Sigamos viendo el álbum. A ver, pasa la página. |
| Amelia Arce Bernal: Mira esta foto. Es un cuarto pequeño, con un mostrador y una ventana grande a la calle. |
| Rafael Ruiz Valle: Tiene ropa colgada. Muchos sacos y pantalones. Y mira el letrero de la ventana: "Tintorería Vargas — Entrega en 24 horas". |
| Amelia Arce Bernal: ¿Una tintorería? Pero eso no está en el edificio ahora. |
| Rafael Ruiz Valle: No, yo no he visto ninguna tintorería aquí cerca. |
| Amelia Arce Bernal: Ah, ya sé. Eso ahora es la lavandería del edificio. Ese cuarto en el primer piso. Donde están las lavadoras y secadoras de monedas. Las paredes son iguales. |
| Rafael Ruiz Valle: ¿En serio? ¿Cuándo cambió de tintorería a lavandería de monedas? |
| Amelia Arce Bernal: No sé. O sea, seguro en los años dos mil, más o menos. Ya casi no hay tintorerías así en la ciudad, ¿verdad? |
| Rafael Ruiz Valle: Muy pocas. Mi mamá llevaba la ropa a la tintorería cada semana. Era todo un ritual. |
| Amelia Arce Bernal: ¿Sí? Yo nunca fui a una. |
| Rafael Ruiz Valle: Sí, era importante. El señor de la tintorería conocía a todos los vecinos por su nombre. Mi mamá llevaba los trajes de trabajo de mi papá y sus vestidos bonitos. Y cuando la ropa regresaba, venía en unas bolsas de plástico transparentes. Olía a limpio, a productos especiales, y estaba planchada perfecta. Sin ninguna arruga. Era un servicio muy personal. |
| Amelia Arce Bernal: Se escucha muy bien. Pero, bueno... las generaciones que vinieron después nos compramos algo para que no se arrugara y ya. Queremos todo rápido. |
| Rafael Ruiz Valle: Exacto. Ahora compramos ropa práctica. La usas, la metes a la lavadora del edificio, la sacas y te la pones. Nadie quiere perder tiempo planchando ropa. Todo tiene que ser rápido. |
| Amelia Arce Bernal: Y por eso el edificio cambia. La ciudad cambia porque nosotros cambiamos. Es curioso, ¿no? Pasas por la lavandería todos los días para lavar tus calcetines y no te imaginas que antes era el negocio de una familia, con sus propios clientes. Y ahora solo quedan estas fotos viejas. |
| Rafael Ruiz Valle: Oye, Amelia. Pasa otra página. Quiero ver el final del álbum, a ver qué más hay. |
| Amelia Arce Bernal: A ver... quedan pocas hojas. Aquí hay una foto interesante, casi al final. |
| Rafael Ruiz Valle: Mírala bien. Es un muchacho joven. Tiene como veintitantos años. |
| Amelia Arce Bernal: Está vestido con una bata académica. Una toga oscura. Como si fuera una foto de graduación universitaria. |
| Rafael Ruiz Valle: Sí, y tiene un papel en la mano. Parece un certificado de investigación o un diploma. Está parado justo aquí, en el patio del edificio, al lado de la planta grande. |
| Amelia Arce Bernal: Su cara no se ve muy clara. La luz del sol le da en los ojos y hace sombra. |
| Rafael Ruiz Valle: Pero mira cómo está parado. La postura de su cuerpo. La forma de inclinar la cabeza a la derecha. Ese... ¿no se parece al del cuatro-B? |
| Amelia Arce Bernal: ¿A Gael? ¿Gael González? |
| Rafael Ruiz Valle: Sí, el muchacho alto. El que siempre está cocinando y huele muy rico en su piso. El investigador. |
| Amelia Arce Bernal: A ver, déjame acercar la foto. Pues... sí tiene un aire. El mismo cuerpo delgado, la misma cara, pero mucho más joven. Se parece muchísimo. |
| Rafael Ruiz Valle: Es él. Estoy seguro. Tiene la misma sonrisa. |
| Amelia Arce Bernal: Imposible, Rafael. Él llegó al edificio hace dos años. Me lo dijo él mismo cuando compró su primer café aquí. Dijo que era nuevo en el barrio. |
| Rafael Ruiz Valle: Exactamente. ¿Y si él vivió aquí antes, hace muchos años? ¿O si venía a visitar a su familia de joven? |
| Amelia Arce Bernal: Pero si él vivió aquí antes, ¿por qué no me dijo nada? ¿Por qué decir que es nuevo en el edificio? No tiene sentido. |
| Rafael Ruiz Valle: La gente tiene sus secretos. A lo mejor el departamento era de su abuelo, o de un tío. Tal vez regresar a este lugar le trae recuerdos y no quiere hablar de eso. |
| Amelia Arce Bernal: Híjole... ahora tengo muchísima curiosidad. Voy a cerrar el álbum antes de volverme loca pensando en esto. |
| Rafael Ruiz Valle: Alguien debería preguntarle. La próxima vez que baje a comprar café, dile. |
| Amelia Arce Bernal: No yo. Yo no soy curiosa con mis clientes. |
| Rafael Ruiz Valle: Tampoco yo. Yo soy policía para buscar ladrones, no para hacerles preguntas a los vecinos sobre sus fotos viejas. |
| Amelia Arce Bernal: Bueno, entonces nos quedamos con el misterio. |
| Rafael Ruiz Valle: Oye... el ruido de la lluvia bajó. Ya casi no se escucha. |
| Amelia Arce Bernal: Es verdad. Sólo es una llovizna. Y se escucha un pájaro. |
| Rafael Ruiz Valle: Déjame sacar mi teléfono para ver el radar del clima. A ver... Sí, ya está despejado. La nube fuerte ya pasó. Tengo que irme al trabajo, mi turno empieza pronto. |
| Amelia Arce Bernal: Claro, no te preocupes. Ya puedes salir tranquilo sin que se te moje el uniforme. Y sin paraguas, porque ya no lo tienes. |
| Rafael Ruiz Valle: Sí, qué triste historia la de mi paraguas. Me levanto de la silla. Oye, ¿lo vas a dejar aquí en la barra? |
| Amelia Arce Bernal: ¿El álbum? Sí, por si alguien lo reclama. Tal vez el dueño original vuelva a buscar sus recuerdos. |
| Rafael Ruiz Valle: Amelia... nadie lo va a reclamar. Lleva años guardado en una caja. |
| Amelia Arce Bernal: Ya sé. Es una lástima, pero ya sé. |
| Rafael Ruiz Valle: Entonces, las fotos le pertenecen al edificio ahora. Y a ti. |
| Amelia Arce Bernal: Lo voy a guardar abajo del mostrador. Prometo cuidarlo. Y de vez en cuando, voy a ver a la señora berenjena para inspirarme a ser valiente. |
| Rafael Ruiz Valle: Me parece una excelente idea. Me cierro la chamarra. Bueno, Amelia. Fue un buen rato. Gracias por el café de olla y por la plática. Me salvaste de la tormenta. |
| Amelia Arce Bernal: De nada, Rafael. Fue un gusto conocerte bien. La próxima vez que llueva, te espero. |
| Rafael Ruiz Valle: Trato hecho. Cuídate mucho, nos vemos luego. |
| Amelia Arce Bernal: Adiós, con cuidado. Y suerte con el tráfico. |
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